sábado, 20 de diciembre de 2014

La derrota del espíritu caótico























El acto de vivir se ha tornado en la victoria del sinsentido urbano y ha aniquilado los cuestionamientos propiamente vitales. Algunos anunciarán la debilidad de la razón frente a lo que se podría llamar hábito, costumbre, o la simple acción de la naturaleza.  Esta fuerza nos obliga a vivir cotidianamente, más allá de que nuestro sistema de creencias y valores no encuentren sustento para justificar nuestra existencia en el mundo. Sin embargo, ¿No es capaz la razón de comprender tal situación? Claro que sí. Entonces: ¿Cuál es la fuente de su cobardía en la acción?.  En épocas donde el fervor religioso es practimente nulo, ninguna sociedad funciona en base a la seguridad que una fe pueda brindar.  No necesitamos de una gran mente, (de hecho un infante haciendo las debidas conexiones puede deducirlo) para vislumbrar que una vez muertos, las funciones vitales humanas perdidas anulan la operación de la conciencia y por ende, nada sobrevivirá a la descomposición de nuestro cuerpo. Esto destruye cualquier sentido y valor moral y da al hombre la suprema libertad de hacer lo que le plazca, pues después de muerto solo le espera la nada eterna. Sin embargo, como podemos ver, Dios no está muerto. Las nociones de verdad y la moralidad están lejos de ser inhibidas por la libertad humana. Algo reprime al hombre, tan fuertemente como para mantenerlo totalmente paralizado. Algo lo incita a creer en la verdad. Algo lo domestica en la bondad y lo cultiva en el éxito y el progreso. Toda esta aceptación, es obra de un somnífero, tan eficaz que cualquiera puede verificar lo que aquí se propone. La derrota urbana del hombre es visible. Cualquier crisis, pérdida de valores, o cuestionamiento intenso es completamente inhibido por el papel que el hombre juega en sociedad. Resulta lastimero ver a seres deprimidos, que aseguran estar al borde de sus fuerzas y no poder más con sus problemas,  haciendo sus labores burocráticas con completa normalidad. Los aparatos tecnológicos, los medios de comunicación, la publicidad, y la aparente milenaria solidez del estado moderno afecta de manera inconsciente la mentalidad humana, de tal forma que cada cosa que vislumbre orden, se vuelve potencialmente perjudicial en este sentido. Cada  cosa que “marche bien”, aumenta la impotencia del espíritu humano para expresar su rebeldía caótica, paradójicamente forjada por  el avance científico y la decadencia de la fé. Pues si hemos vuelto  al caos previo al orden mítico,  y la razón se ha destruido a si misma, en la acción se demuestra lo contrario.  El espíritu caótico está inmovilizado por la movilidad del mundo urbano. Por eso, a fin de propuesta, la completa anarquía es la inacción. Mantenerse quietos hasta el absurdo, desperdiciar (utilitariamente) la vida,  pero sólo de una forma exagerada, es lo que podría representar la victoria de la conciencia sobre el cuerpo. He aquí una invitación que intenta hacerle justicia.



Marcos Liguori

3 comentarios:

  1. Y si querés hacerlo más práctico acordate de la disciplina de los japoneses antiguos, que creían que el cuerpo y sus deseos eran una mierda básicamente jjajajajajja y también me hizo acordar al buda, que se sentó y abandonó absolutamente todo. hermoso texto amigo!!!!!!!!!!!!

    ResponderEliminar
  2. Estoy esperando que publiques más...Me encanta como escribis :)

    ResponderEliminar
  3. Aca es donde todo empezo :O Hace tanto !

    ResponderEliminar